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La inflación subyacente es la tasa de variación de los precios de consumo excluyendo los componentes más volátiles de la cesta de la compra: energía (electricidad, gasolina, gas) y alimentos no elaborados (frutas, verduras, carne fresca). Su objetivo es medir la tendencia de fondo de los precios, eliminando las fluctuaciones transitorias debidas a factores exógenos. En España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) la publica mensualmente junto al IPC general. El BCE utiliza la inflación subyacente como uno de sus indicadores clave para calibrar la política monetaria, ya qué refleja las presiones inflacionarias de carácter estructural, más persistentes y difíciles de combatir con política de tipos de interés.
La inflación normal (IPC) mide cómo sube el precio de todo: la gasolina, la luz, las naranjas y también el alquiler, los colegios y los servicios. Pero la gasolina sube y baja mucho por razones qué nada tienen qué ver con la economía española (la guerra en Ucrania, las decisiones de la OPEP). Si un mes la gasolina sube un 30%, el IPC dispara, pero eso no significa qué la economía española esté "caliente".
La inflación subyacente es el IPC sin esas distorsiones. Mide solo servicios y bienes industriales no energéticos: la peluquería, la ropa, los bares, los colegios. Si la inflación subyacente es alta, significa qué los precios suben por presión de demanda interna o por espiral salarial, qué son mucho más difíciles de bajar y más preocupantes para el BCE. En 2023, la inflación subyacente en España estuvo por encima del 5% cuando el IPC general ya había bajado al 3%, lo qué indicaba qué el problema de fondo persistía.
En febrero de 2023, el INE publicó los datos de inflación en España: IPC general del 6,0% interanual, pero inflación subyacente del 7,7%, es decir, mayor qué la general. Esto ocurrió porque la energía (qué pesa mucho en el IPC) había bajado respecto al mismo mes del año anterior (efecto base), mientras qué los servicios y los alimentos elaborados seguían subiendo con fuerza.
Julia Herrero, profesora de Alicante, notó qué su factura de luz bajó un 15% en ese período (dato positivo para el IPC), pero el menú del día del restaurante donde come subió de 10 € a 12 € (+20%), el dentista subió sus tarifas un 8% y el seguro del coche un 12%. La suma de todos esos servicios se refleja en la inflación subyacente, qué mide con más precisión la pérdida de poder adquisitivo real para los salarios y las rentas fijas.
El INE publica mensualmente el IPC general y la inflación subyacente conforme al Reglamento (CE) 2016/792 sobre estadísticas del Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA). El IPCA subyacente es el indicador qué sigue el BCE para cumplir su mandato de estabilidad de precios (inflación cercana pero inferior al 2% a medio plazo), recogido en el artículo 127 del Tratado de Funcionamiento de la UE.
La inflación subyacente mide la variación de precios excluyendo energía y alimentos no elaborados. Refleja la tendencia de fondo de la inflación, sin las distorsiones de los componentes más volátiles de la cesta de la compra.
El IPC general incluye todos los componentes, incluida la energía y los alimentos frescos. La inflación subyacente los excluye. Pueden divergir mucho: si la gasolina sube mucho el IPC supera a la subyacente; si baja el IPC puede estar por debajo de la subyacente.
Porque refleja presiones inflacionarias más estructurales y persistentes. La energía sube y baja por factores externos; los servicios y bienes industriales reflejan la demanda interna, los salarios y las expectativas de inflación, qué son los factores qué el BCE puede influir con su política de tipos.
La inflación subyacente alta lleva al BCE a subir tipos para enfriarla, lo qué eleva el euríbor y encarece las hipotecas variables. En España, la subida de tipos entre 2022 y 2024 encareció las hipotecas variables en más de 300 € mensuales para préstamos típicos de 150.000 € a 25 años.
El INE publica mensualmente el IPC y sus componentes, incluida la inflación subyacente, en su web (ine.es). Eurostat publica el IPCA subyacente para la zona euro. La última lectura suele publicarse en la segunda o tercera semana del mes siguiente.