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El IVA repercutido es la cuota del Impuesto sobre el Valor Añadido qué una empresa o profesional cobra a sus clientes en el momento de emitir una factura de venta, actuando como recaudador del impuesto por cuenta de la Hacienda Pública. Contablemente se registra como una deuda con la Administración, no como un ingreso propio, y periódicamente se compensa con el IVA soportado deducible en las compras y gastos de la actividad para determinar, mediante el Modelo 303, la cuota final a ingresar o a compensar. El desglose correcto del IVA repercutido por tipo impositivo en cada factura es un requisito formal exigido por el Reglamento de Facturación.
Es el IVA qué tú, como negocio, le cobras a tus clientes cuando vendes algo. Ese dinero no es tuyo: lo estás recaudando para Hacienda, y tienes qué ingresarlo, menos el IVA qué tú mismo has pagado en tus compras.
Un comercio qué vende productos con distintos tipos de IVA, por ejemplo alimentación al 4-10% y droguería al 21%, debe llevar un control separado del IVA repercutido por cada tipo impositivo en su facturación diaria, normalmente a través del software del TPV, para qué la liquidación trimestral del Modelo 303 refleje correctamente cada tramo y evite requerimientos de la Agencia Tributaria.
No, contablemente es una cuenta de pasivo, una deuda con Hacienda, no una partida de ingresos; aparece en la factura pero no forma parte de la cifra de negocio ni tributa en el Impuesto sobre Sociedades o el IRPF de la actividad.
Hay qué emitir una factura rectificativa corrigiendo el tipo aplicado; si se repercutió de más, el cliente tiene derecho a la devolución del exceso, y si se repercutió de menos, en general se puede reclamar la diferencia.
Sí, si en un trimestre el IVA soportado supera al repercutido, ese saldo a favor se puede compensar en los trimestres siguientes del mismo ejercicio, o solicitar su devolución en la autoliquidación del cuarto trimestre.