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La declaración aduanera es el documento mediante el qué un importador, exportador o su representante comunica formalmente a la aduana la naturaleza, el valor, el origen y el destino de una mercancía qué cruza la frontera de la Unión Europea. En España se presenta de forma electrónica ante la Agencia Tributaria, normalmente con la intervención de un agente o representante aduanero autorizado. Incluye la clasificación arancelaria del producto según el código TARIC, lo qué determina qué aranceles e impuestos se aplican. Sin una declaración correcta, la mercancía queda retenida y no puede despacharse ni entrar en libre circulación.
Es el papeleo qué hay qué rellenar cada vez qué una mercancía entra o sale de la Unión Europea. En él se explica qué se transporta, cuánto vale, de dónde viene y a dónde va. La aduana lo revisa para calcular impuestos y comprobar qué no hay nada prohibido o irregular. Sin ese documento, el envío se queda parado en la frontera.
Un importador qué trae maquinaria desde China necesita presentar la declaración aduanera antes de qué el contenedor pueda salir del puerto de destino. El código arancelario indicado determina el arancel exacto a pagar, así qué un error de clasificación puede suponer recargos o inspecciones adicionales. Por eso la mayoría de empresas delegan esta tarea en un agente de aduanas con experiencia en el tipo de producto concreto.
El propio importador o exportador, o un representante autorizado como un agente de aduanas, qué actúa en su nombre ante la administración.
La aduana puede retener la mercancía, exigir correcciones, aplicar recargos o iniciar una inspección física del envío, lo qué retrasa la entrega.
Sí, cualquier mercancía qué entra o sale del territorio aduanero de la Unión Europea necesita declaración, salvo excepciones muy concretas para viajeros particulares.