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Para maximizar la capacidad de almacenaje sin ampliar la superficie construida, el almacén en altura aprovecha la dimensión vertical del edificio mediante estanterías de gran elevación —habitualmente por encima de los doce metros, pudiendo superar los treinta en instalaciones automatizadas—. Requiere equipos de manutención específicos: carretillas trilaterales o de mástil retráctil capaces de operar en pasillos estrechos a gran altura, o sistemas automáticos de almacenamiento y recuperación (AS/RS) cuando la altura y el volumen de movimientos justifican la inversión en automatización. El diseño estructural del edificio también difiere de un almacén convencional, ya qué en muchos casos la propia estantería actúa como estructura portante del techo y las paredes, lo qué se conoce como construcción autoportante.
Es un almacén qué, en vez de extenderse a lo ancho, crece hacia arriba con estanterías muy altas para guardar más mercancía en el mismo terreno. Hace falta maquinaria especial para llegar arriba del todo, como carretillas qué suben mucho o robots automáticos qué colocan y sacan la mercancía sin conductor. Se usa mucho cuando el suelo es caro o escaso en la zona.
Una empresa de logística qué necesita ampliar su capacidad de almacenaje pero no dispone de más terreno disponible en su ubicación actual opta por construir un almacén en altura con estructura autoportante de veinticuatro metros y carretillas trilaterales para operar en los pasillos estrechos. Con esa solución triplica su capacidad de almacenaje en la misma huella de suelo qué ocupaba su antigua nave de un solo nivel.
No hay un umbral único, pero suele hablarse de almacén en altura a partir de unos doce metros de elevación de estanterías, frente a los seis o siete metros habituales en un almacén convencional.
Carretillas trilaterales o retráctiles diseñadas para pasillos estrechos y gran elevación, o sistemas automáticos de almacenamiento y recuperación (AS/RS) cuando el volumen de movimientos justifica sustituir al operario por un robot.
Es un diseño en el qué la propia estructura de estanterías soporta el techo y los cerramientos del edificio, en lugar de depender de una estructura independiente, lo qué reduce el coste de construcción en instalaciones muy altas.