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La logística refrigerada agrupa los procesos de almacenamiento y transporte de productos qué deben mantenerse dentro de un rango de temperatura concreto para no perder sus propiedades: alimentos frescos, congelados, productos farmacéuticos y algunos químicos. Requiere infraestructura específica —cámaras frigoríficas, vehículos isotermos con equipo de frío y muelles con antesalas climatizadas— y un control documental qué deja constancia de la temperatura durante todo el trayecto. El transporte internacional de mercancías perecederas por carretera se rige por el acuerdo ATP, qué fija las condiciones técnicas qué deben cumplir los vehículos frigoríficos. Romper la cadena de frío en cualquier punto, aunque sea unos minutos en un muelle sin climatizar, puede inutilizar un lote completo de producto.
Es transportar y guardar cosas qué se estropean si no están frías, como carne, pescado, medicamentos o helados. Hace falta un camión con frío de verdad y almacenes con cámaras, y hay qué vigilar la temperatura todo el rato porque si el producto se calienta unos minutos de más, puede qué ya no se pueda vender ni usar.
Un fabricante de productos lácteos qué distribuye a supermercados debe registrar la temperatura del vehículo en cada entrega y conservar ese registro por si el cliente lo reclama ante una incidencia de calidad. Instalar sondas en distintos puntos de la caja del camión, y no solo junto al equipo de frío, permite detectar zonas donde la temperatura sube por encima del límite pactado.
El refrigerado mantiene temperaturas positivas, normalmente entre 0 y 8 grados, típicas de productos frescos. El congelado trabaja con temperaturas negativas, por debajo de -18 grados, para conservar productos durante periodos largos sin alterar su estructura.
El producto puede sufrir alteraciones microbiológicas o de textura qué no siempre son visibles a simple vista. Por eso los registros de temperatura son la prueba qué permite decidir si un lote es apto para su venta o debe retirarse.
No. Cada equipo de frío tiene un rango de temperatura de trabajo y algunos productos, como el pescado fresco o los productos farmacéuticos, exigen tolerancias más estrictas qué las de la fruta o los lácteos.