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Terminal intermodal situada en el interior conectada por ferrocarril con uno o varios puertos marítimos para agilizar el despacho de mercancías. Se trata de un concepto fundamental en el ámbito de logística con implicaciones prácticas relevantes para las empresas y profesionales que gestionan el almacenamiento, el transporte y la cadena de suministro. Comprender bien puerto seco permite tomar mejores decisiones operativas y reducir costes.
El puerto seco de Coslada, cerca de Madrid, recibe por tren contenedores procedentes del puerto de Valencia: allí se realiza el despacho aduanero y la distribución, descongestionando el puerto marítimo y acercando la aduana a los clientes del centro peninsular.
Un puerto seco es una terminal interior conectada por ferrocarril con un puerto marítimo. Actúa como extensión del puerto: permite el despacho aduanero tierra adentro, descongestiona la zona costera y facilita la distribución al interior.
Un puerto seco es una terminal intermodal situada en el interior del país, conectada mediante ferrocarril (y carretera) con uno o varios puertos marítimos. Funciona como una extensión del puerto: allí se realizan operaciones aduaneras, de almacenamiento y de distribución sin necesidad de que se hagan junto al mar.
Sirve para descongestionar los puertos marítimos, acercar los trámites aduaneros y la mercancía a las zonas de consumo del interior, y fomentar el transporte por ferrocarril entre el puerto y el interior, más eficiente y sostenible que el camión para largas distancias.
Se puede realizar el despacho aduanero de importación y exportación, el almacenamiento de contenedores, la consolidación y desconsolidación de carga, y la distribución hacia el destino final. En la práctica actúa como si la aduana del puerto se trasladara al interior.
Todo puerto seco es una terminal intermodal, pero no toda terminal intermodal es un puerto seco. Lo que define al puerto seco es su vinculación directa y aduanera con un puerto marítimo mediante conexión ferroviaria, actuando como su prolongación en el interior.
Al trasladar por ferrocarril grandes volúmenes de contenedores entre el puerto y el interior, reduce el número de camiones en las carreteras y, con ello, las emisiones de CO2, la congestión y los accidentes, además de descongestionar los accesos a los puertos.