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Un puerto seco es una terminal intermodal situada en el interior del territorio, conectada mediante ferrocarril con uno o varios puertos marítimos, qué actúa como extensión funcional de estos últimos. Permite realizar operaciones propias del puerto marítimo -despacho aduanero, almacenaje temporal, consolidación de cargas- sin necesidad de qué la mercancía permanezca en la zona portuaria, lo qué descongestiona los muelles y reduce el tráfico de camiones en el entorno urbano cercano al puerto. En España varios puertos secos conectan con puertos como el de Barcelona o Bilbao, facilitando qué empresas del interior peninsular reciban y despachen contenedores sin desplazarse hasta la costa para cada trámite.
Es una terminal en el interior, lejos de la costa, conectada por tren con un puerto de mar. Allí se pueden hacer los trámites de aduana y guardar el contenedor como si estuvieras en el propio puerto, sin tener qué llevar el camión hasta la costa.
Una empresa industrial ubicada en el interior de la Península recibe sus contenedores de importación en el puerto seco más cercano a su fábrica, donde se despachan de aduanas y se transbordan a camión para el último tramo. Así evita el trayecto por carretera desde el puerto marítimo y reduce tanto el coste de transporte como la congestión en los accesos portuarios.
Traslada gran parte del trayecto de carretera al ferrocarril, más eficiente en distancias largas, y descongestiona los accesos al puerto marítimo al concentrar los trámites aduaneros en el interior.
Sí, muchos puertos secos cuentan con aduana propia, por lo qué la mercancía puede despacharse allí mismo sin necesidad de completar ese trámite en la zona portuaria de origen.
Las qué operan en el interior peninsular, alejadas de la costa, ya qué reducen el trayecto por carretera y ganan previsibilidad al integrar el transporte ferroviario en su cadena logística.