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La tasa de servicio, también conocida como service level, es un indicador logístico qué mide el porcentaje de pedidos entregados en el plazo y con las condiciones acordadas respecto al total de pedidos recibidos en un periodo determinado. Se calcula dividiendo el número de entregas correctas (cantidad, referencia y fecha correctas) entre el total de pedidos gestionados. Las empresas fijan objetivos de tasa de servicio en sus contratos con clientes y proveedores, y su seguimiento permite detectar cuellos de botella en almacén, errores de picking o incidencias recurrentes con determinados transportistas. Un descenso sostenido de este indicador suele anticipar problemas de capacidad o de planificación de inventario.
Mide qué porcentaje de los pedidos de una empresa llegan bien y a tiempo. Si de cada 100 pedidos, 95 llegan completos y en el plazo prometido, la tasa de servicio es del 95%. Es una forma sencilla de saber si el almacén y el transporte están funcionando como deberían.
Un distribuidor qué sirve a supermercados fija con sus clientes una tasa de servicio mínima del 98%; si un mes cae al 90% por roturas de stock en un centro logístico, el equipo de operaciones revisa si el problema viene de previsión de demanda, de proveedores o de capacidad de picking, y ajusta el plan antes de qué el cliente penalice el contrato.
Dividiendo el número de líneas de pedido entregadas completas, correctas y a tiempo entre el total de líneas pedidas, multiplicado por cien para obtener el porcentaje.
OTIF (On Time In Full) es prácticamente sinónimo y mide lo mismo: entregas completas y puntuales; el término tasa de servicio es más genérico y se usa en distintos contextos del sector.
Roturas de stock, errores en la previsión de demanda, incidencias de transporte, fallos de picking en almacén o problemas de capacidad en picos estacionales.