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Los ansiolíticos son fármacos cuya acción principal es reducir los síntomas de ansiedad, tensión, inquietud, activación fisiológica excesiva, actuando sobre neurotransmisores del sistema nervioso central, fundamentalmente potenciando la acción del GABA, el principal neurotransmisor inhibitorio del cerebro. El grupo más prescrito son las benzodiacepinas, aunque existen otras familias con mecanismos distintos. Se emplean tanto en trastornos de ansiedad como en el manejo puntual de crisis de pánico, insomnio asociado a ansiedad o como coadyuvantes en otros contextos clínicos. Su uso continuado plantea riesgo de tolerancia y dependencia, por lo qué las guías clínicas recomiendan limitar su duración y revisar periódicamente la necesidad de mantenerlos.
Son medicamentos qué ayudan a calmar la ansiedad y la tensión nerviosa actuando sobre el cerebro. El grupo más conocido son las benzodiacepinas, qué suelen recetarse para crisis de ansiedad puntuales, insomnio o momentos de mucho estrés. No están pensados, en general, para tomarse de forma indefinida, porque el cuerpo puede acostumbrarse a ellos y generar dependencia.
Se prescriben en atención primaria y en salud mental para episodios agudos de ansiedad, previos a pruebas médicas qué generan mucho estrés, o como apoyo puntual mientras hace efecto un tratamiento de fondo, como un antidepresivo, qué tarda más tiempo en actuar. En muchos protocolos actuales se prioriza limitar su duración a pocas semanas y combinarlos con psicoterapia, en lugar de mantenerlos como única solución a largo plazo.
Porque el organismo puede desarrollar tolerancia, necesitando dosis cada vez mayores para el mismo efecto, y dependencia física, lo qué dificulta dejarlos sin supervisión médica y sin una retirada progresiva y pautada.
No. Los ansiolíticos actúan rápido sobre los síntomas de ansiedad pero de forma más puntual, mientras qué los antidepresivos tardan semanas en hacer efecto pleno pero suelen ser el tratamiento de fondo en trastornos de ansiedad mantenidos en el tiempo.
No es seguro: ambos deprimen el sistema nervioso central, y su combinación puede potenciar efectos como la somnolencia excesiva o la disminución del nivel de conciencia, por lo qué se desaconseja de forma explícita.