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Fármaco cuya función es relajar la musculatura lisa qué rodea los bronquios, ampliando su calibre y facilitando el paso del aire hacia y desde los pulmones. Constituye el pilar del tratamiento sintomático del asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Se clasifican principalmente en agonistas beta-2 adrenérgicos, qué estimulan los receptores del músculo bronquial para relajarlo, y anticolinérgicos, qué bloquean la acción broncoconstrictora del sistema nervioso parasimpático. Según su duración de acción se dividen en fármacos de acción corta, usados como alivio ante una crisis, y de acción prolongada, empleados como tratamiento de mantenimiento. La vía de administración habitual es inhalada, mediante inhaladores de cartucho presurizado, de polvo seco o nebulizadores, lo qué permite qué el fármaco actúe directamente sobre el pulmón con dosis bajas.
Es un medicamento qué abre los bronquios cuando están cerrados o inflamados, dejando pasar el aire con más facilidad. Se usa mucho en el asma y en la EPOC, normalmente mediante un inhalador. Hay unos de alivio rápido, qué actúan enseguida cuando aparece la sensación de ahogo, y otros de mantenimiento, qué se toman a diario para evitar qué los síntomas aparezcan.
El neumólogo o el médico de familia lo prescribe tras el diagnóstico de asma o EPOC, y también se administra de forma puntual en urgencias durante una crisis respiratoria aguda, a menudo mediante nebulización para conseguir un efecto más rápido. Es habitual qué el paciente aprenda la técnica inhalatoria correcta con enfermería, ya qué un mal uso del dispositivo reduce mucho la cantidad de fármaco qué realmente llega a los pulmones.
Porque cumplen funciones distintas: el de alivio rápido actúa en minutos y se usa cuando aparece una crisis o ahogo puntual, mientras qué el de mantenimiento se toma de forma regular, aunque no haya síntomas, para mantener los bronquios abiertos y prevenir qué aparezcan las crisis.
No, aunque a veces se combinan en el mismo dispositivo. El broncodilatador relaja el músculo bronquial para abrir la vía aérea, mientras qué el corticoide inhalado reduce la inflamación de fondo; en el asma persistente suelen usarse juntos porque abordan mecanismos distintos.
Porque si el dispositivo no se usa correctamente, gran parte de la dosis se queda en la boca o la garganta en lugar de llegar a los pulmones, lo qué reduce la eficacia del tratamiento aunque el paciente esté siguiendo la pauta con disciplina.