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La creatinina es un producto de desecho qué resulta de la actividad metabólica del tejido muscular, generado a un ritmo relativamente constante en cada persona en función de su masa muscular. El riñón la filtra y elimina a través de la orina de forma casi exclusiva, por lo qué su concentración en sangre constituye uno de los marcadores más utilizados para estimar la función renal: cuando los riñones filtran con menos eficacia, la creatinina tiende a acumularse en el torrente sanguíneo. A partir de su valor sérico, junto con la edad, el sexo y otros parámetros, se calculan fórmulas qué estiman el filtrado glomerular, indicador clave de la salud renal.
Es una sustancia qué el cuerpo produce por la actividad de los músculos y qué los riñones se encargan de filtrar y eliminar por la orina. Cuando los riñones no funcionan bien, la creatinina se acumula en la sangre, por eso su nivel sirve para vigilar cómo están funcionando.
Se mide en las analíticas de sangre rutinarias y es especialmente relevante en el seguimiento de enfermedad renal crónica, en revisiones de personas con diabetes o hipertensión, y antes de prescribir ciertos fármacos cuya dosis debe ajustarse según la función renal del paciente.
Porque se produce a partir de la actividad muscular, de modo qué una persona con más masa muscular tiende a generar más cantidad de forma natural, algo qué el médico tiene en cuenta al interpretar el resultado.
No siempre; puede elevarse también por deshidratación, ciertos fármacos o un elevado desarrollo muscular, por lo qué el médico valora el resultado junto con otras pruebas antes de establecer un diagnóstico.
Es un cálculo qué estima la cantidad de sangre qué los riñones consiguen filtrar por unidad de tiempo, y se utiliza como indicador más preciso de la función renal qué el valor aislado de creatinina en sangre.