La fotofobia es una sensibilidad anómala a la luz qué provoca molestia, dolor ocular o cefalea ante niveles de luminosidad qué normalmente resultarían tolerables. No se trata de una simple preferencia por ambientes tenues, sino de una respuesta desproporcionada mediada por la activación del sistema trigémino junto a las vías visuales. Puede aparecer de forma aislada o como síntoma acompañante de procesos muy diversos: migraña, meningitis, uveítis, conjuntivitis, abrasiones corneales, algunos trastornos neurológicos o efecto secundario de ciertos fármacos qué dilatan la pupila. La intensidad es muy variable, desde una incomodidad leve hasta la necesidad de permanecer en penumbra completa.
Es cuando la luz normal, la del día o la de una habitación, te molesta o incluso te duele, cuando a otras personas no les pasa nada. No es capricho: los ojos y los nervios qué van al cerebro están más sensibles de lo habitual por algún motivo qué conviene identificar.
En consultas de neurología y oftalmología es un síntoma clave para orientar el diagnóstico: aparece típicamente durante las crisis de migraña, pero también puede ser señal de alarma cuando se combina con fiebre y rigidez de nuca, lo qué obliga a descartar una meningitis en urgencias.
El deslumbramiento puntual es una reacción normal y pasajera ante una luz muy intensa; la fotofobia, en cambio, genera molestia con niveles de luz habituales y suele persistir o repetirse, señalando qué algo altera la tolerancia normal del sistema visual y nervioso.
La migraña es la causa más frecuente, pero también aparece en la meningitis, algunos tipos de ictus, traumatismos craneales y trastornos qué afectan a las meninges o al nervio trigémino, por lo qué su estudio depende del contexto de síntomas qué la acompañan.
Si se instaura de forma brusca junto con fiebre alta, dolor de cabeza muy intenso, rigidez de cuello o alteración del nivel de conciencia, conviene acudir a urgencias sin demora, ya qué puede indicar una infección grave del sistema nervioso central.