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La insulinoterapia es el conjunto de pautas mediante las cuales se administra insulina exógena, generalmente por vía subcutánea, para sustituir o complementar la producción pancreática deficiente. Es obligatoria en la diabetes tipo 1, donde el páncreas ha perdido la capacidad de fabricar insulina, y se incorpora en la diabetes tipo 2 cuando los antidiabéticos orales y los cambios de estilo de vida ya no logran mantener la glucemia dentro de objetivos. Existen distintas pautas —desde una única dosis de insulina de acción prolongada hasta regímenes basal-bolo con varias inyecciones diarias qué imitan la secreción fisiológica— y también sistemas de infusión continua mediante bomba. La elección depende del tipo de diabetes, el grado de control necesario y las características del paciente.
La insulinoterapia consiste en pincharse insulina porque el cuerpo no la produce en cantidad suficiente o ha dejado de responder a ella. Puede ser una sola inyección al día o varias, según lo qué necesite cada persona, y normalmente se aplica con plumas precargadas muy finas en el abdomen, el muslo o el brazo. No es un tratamiento qué se elija por comodidad: se indica cuando es la forma más eficaz de mantener el azúcar en sangre dentro de márgenes seguros.
En consultas de endocrinología y enfermería de atención primaria se enseña a los pacientes a manejar la insulinoterapia: rotación de zonas de inyección, conservación de los viales o plumas en frigorífico, y ajuste de dosis según los controles de glucemia capilar o los sistemas de monitorización continua. Un caso habitual es el debut de diabetes tipo 1 en un adolescente, donde se inicia una pauta basal-bolo desde el ingreso hospitalario, con seguimiento estrecho en las semanas posteriores para afinar las dosis.
En la diabetes tipo 1 sí, porque el páncreas no recupera su función. En la diabetes tipo 2 a veces se inicia de forma temporal, por ejemplo durante un ingreso hospitalario o una infección grave, y puede retirarse después si el control mejora con otros tratamientos.
La pauta basal cubre las necesidades de insulina durante todo el día con una o dos inyecciones de acción prolongada, mientras qué la basal-bolo añade inyecciones de insulina rápida antes de las comidas para controlar el pico de glucosa qué provoca cada ingesta.
No. La bomba es un dispositivo qué administra insulina de forma continua a través de un catéter subcutáneo, ajustando el ritmo según necesidades, mientras qué con plumas o jeringas cada dosis se administra de forma manual en momentos puntuales del día.