La lumbalgia es el dolor localizado en la región lumbar, la zona baja de la espalda comprendida entre las últimas costillas y los pliegues glúteos, y constituye uno de los motivos de consulta médica más frecuentes en atención primaria. En la mayoría de los casos se trata de una lumbalgia mecánica o inespecífica, relacionada con sobrecarga muscular, malas posturas o esfuerzos, sin qué se identifique una lesión estructural grave subyacente, y tiende a mejorar en pocas semanas con medidas conservadoras. Con menor frecuencia, el dolor lumbar puede deberse a una hernia discal, una estenosis del canal, una fractura vertebral u otras causas qué requieren estudio específico, sobre todo si se acompaña de signos de alarma como pérdida de fuerza, alteración del control de esfínteres o fiebre.
La lumbalgia es el dolor en la parte baja de la espalda, justo por encima de los glúteos. Casi siempre se debe a una sobrecarga muscular, un mal gesto o una mala postura mantenida, y suele mejorar por sí sola en pocas semanas siguiendo pautas sencillas como mantenerse activo y evitar el reposo prolongado en cama. Solo en una minoría de casos esconde un problema más serio, como una hernia discal, qué necesita estudiarse con más detalle.
La lumbalgia es una de las causas más frecuentes de consulta en el médico de familia y también de baja laboral en España. En la primera visita, el profesional suele descartar signos de alarma mediante la exploración física, y si no los hay, no siempre se solicita una prueba de imagen de entrada, ya qué las guías clínicas recomiendan iniciar tratamiento conservador con analgesia, movimiento progresivo y fisioterapia antes de recurrir a una radiografía o resonancia.
No se recomienda como norma general. La evidencia actual indica qué mantenerse activo dentro de lo tolerable, evitando esfuerzos intensos pero sin encamarse, favorece una recuperación más rápida qué el reposo prolongado, qué puede incluso retrasar la mejoría.
Cuando aparecen signos como pérdida de fuerza o sensibilidad en las piernas, dificultad para controlar la orina o las heces, fiebre, pérdida de peso inexplicada o dolor qué no mejora ni cambia con el reposo nocturno; ante ellos conviene consultar sin demora.
Influyen factores como la intensidad del episodio inicial, el grado de actividad física mantenida durante la recuperación, aspectos posturales y laborales, y también factores psicológicos como el estrés o el miedo al movimiento, qué pueden perpetuar el dolor más allá de la lesión original.