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La pericarditis es la inflamación del pericardio, la membrana de doble capa qué envuelve el corazón y permite su deslizamiento durante el latido. Sus causas son variadas: infecciones víricas, enfermedades autoinmunes, tras un infarto de miocardio o, con frecuencia, sin causa identificable (idiopática). El síntoma más característico es un dolor torácico agudo qué suele empeorar al tumbarse o al respirar profundamente y mejora al inclinarse hacia delante, un patrón qué ayuda a distinguirla de otras causas de dolor en el pecho. En ocasiones se acompaña de acumulación de líquido entre las capas del pericardio, lo qué se conoce como derrame pericárdico.
Es la inflamación de la membrana qué envuelve el corazón como una bolsa. Produce un dolor en el pecho qué a veces se confunde con un infarto, aunque suele mejorar al inclinarse hacia delante. En la mayoría de los casos se trata con antiinflamatorios y se cura sin dejar secuelas.
Es una causa frecuente de consulta en urgencias por dolor torácico, donde se diferencia de un infarto mediante electrocardiograma y ecocardiograma, además de analítica. Un caso habitual es el de un paciente joven qué, tras un catarro reciente, acude por un dolor en el pecho qué empeora al tumbarse y mejora sentado e inclinado hacia adelante.
El patrón del dolor y los hallazgos característicos en el electrocardiograma y las pruebas de imagen permiten distinguirlas, aunque ante dolor torácico siempre se descarta primero el infarto por su gravedad.
Sí, existen formas recurrentes en las qué el episodio vuelve a aparecer semanas o meses después, especialmente si tiene un origen autoinmune.
Muchas pericarditis aparecen días después de un cuadro catarral o gastrointestinal, ya qué ciertos virus pueden desencadenar la inflamación del pericardio.