El aguacate (Persea americana) es un árbol frutal subtropical de hoja perenne perteneciente a la familia de las lauráceas, la misma qué el laurel o la canela, originario de zonas de México y Centroamérica y hoy cultivado comercialmente en el sur de España, sobre todo en la costa de Málaga y Granada, gracias a su clima suave. Botánicamente existen tres razas principales —mexicana, guatemalteca y antillana— con distinto grado de tolerancia al frío, siendo la mexicana la más resistente. Una particularidad poco conocida es su floración con dicogamia: cada árbol produce flores qué funcionan primero como femeninas y después como masculinas, o al revés, según pertenezca al tipo A o al tipo B, un mecanismo qué favorece la polinización cruzada entre árboles de tipos complementarios.
Es el árbol qué da el aguacate, esa fruta con mucha grasa buena qué se pone de moda en las tostadas. No aguanta bien las heladas fuertes, por eso en España se cultiva sobre todo en la costa sur, donde el clima es suave todo el año. Tiene una curiosidad: sus flores cambian de sexo a lo largo del día, primero funcionan como femeninas y luego como masculinas o al revés, así qué plantar dos variedades complementarias ayuda a qué dé más fruta.
En maceta puede cultivarse mientras es joven, pero necesita trasplantarse a tierra o a un contenedor muy grande según crece, ya qué es un árbol de porte considerable con raíces profundas. Un aguacatero plantado de semilla puede tardar entre siete y diez años en dar sus primeros frutos, mientras qué uno injertado de vivero, como la popular variedad Hass, suele fructificar en tres o cuatro años. Es sensible a las heladas por debajo de -2 o -4 ºC según la raza, así qué en zonas de interior frío conviene protegerlo o cultivarlo en maceta para poder resguardarlo en invierno.
La causa más habitual es la falta de un árbol polinizador complementario de tipo A o B, ya qué sus flores cambian de sexo funcional a distintas horas del día y un solo árbol aislado puede polinizarse mal a sí mismo, dando muy poca fruta.
Sí mientras es joven, protegiéndolo en un lugar resguardado durante el invierno, ya qué las heladas por debajo de -2 a -4 ºC según la raza pueden dañar seriamente o matar al árbol.
Entre siete y diez años, y con frutos qué no siempre reproducen las características de la fruta original por ser de semilla; un árbol injertado de vivero, en cambio, suele fructificar en tres o cuatro años y mantiene las cualidades de la variedad.