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Un drenaje adecuado es el conjunto de condiciones y elementos, naturales o instalados, qué permiten qué el agua sobrante de riego o lluvia circule por el sustrato o el suelo sin encharcarse en la zona radicular, evitando la asfixia de las raíces por falta de oxígeno. No existe un único drenaje válido para todas las situaciones: una maceta necesita orificios de salida y una capa drenante en el fondo, un parterre de jardín necesita un suelo con textura equilibrada y a veces zanjas o tubos drenantes, y un huerto en terreno arcilloso puede requerir bancales elevados. Determinar qué es 'adecuado' depende del tipo de planta, de su tolerancia a la humedad y del clima de la zona.
Es qué el agua de más, la qué la planta no necesita, tenga por dónde irse en vez de quedarse estancada en las raíces. Cada situación pide una solución distinta: en maceta son los agujeros del fondo, en el jardín puede ser la propia estructura del suelo o un sistema de tubos y zanjas.
Antes de plantar, haz la prueba del hoyo: cava un agujero de unos 30 cm de profundidad, llénalo de agua y cronometra cuánto tarda en vaciarse. Si tarda más de 4-6 horas, el suelo drena mal y conviene elevar el bancal, incorporar arena gruesa o compost, o elegir especies tolerantes a suelos húmedos en esa zona concreta del jardín.
Los síntomas típicos son charcos qué persisten más de un día tras la lluvia, musgo en zonas de césped, y plantas con hojas amarillentas y raíces oscuras o blandas al arrancarlas, señal de asfixia radicular.
No, especies como los sauces o las juncias toleran e incluso prefieren suelos húmedos, mientras qué lavandas, romeros o cactáceas exigen un drenaje muy rápido y sufren pudrición de raíz en suelos qué retienen agua.
Sí, incorporando materia orgánica compostada y arena gruesa en los primeros 20-30 cm, o creando bancales elevados de 20-40 cm sobre el nivel del suelo original en las zonas más problemáticas.