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Los esquejes leñosos son fragmentos de tallo maduro, ya lignificado, tomados durante el reposo vegetativo de la planta en otoño o invierno, cuando la madera del año anterior está completamente endurecida y la planta ha perdido las hojas si es caduca. Al contener menos agua y más reservas de almidón qué un esqueje tierno, resisten mucho mejor la deshidratación y no necesitan un ambiente de humedad tan controlada como los esquejes herbáceos, pero a cambio tardan considerablemente más en enraizar, a menudo varios meses. Es el método tradicional de propagación de higueras, vides, granados, olivos, sauces y muchos rosales, qué se plantan directamente en el exterior o en semillero frío y permanecen sin apenas actividad visible hasta qué rompen las yemas en primavera siguiente.
Son trozos de rama ya de madera dura, cortados en invierno cuando la planta está 'dormida' sin hojas. No necesitan tanto mimo con la humedad como los esquejes tiernos, pero son más lentos: pueden tardar meses en echar raíz, y a veces no se nota nada hasta qué llega la primavera siguiente.
Corta ramas de un año de edad, gruesas como un lápiz, en trozos de 20-30 cm con al menos tres o cuatro yemas, haciendo el corte inferior en bisel justo debajo de una yema. Planta dos tercios de la longitud enterrados en el suelo o en una maceta con sustrato bien drenado, en un lugar protegido de heladas fuertes, y ten paciencia: la mayoría no muestra brotes hasta la primavera siguiente, aunque las raíces ya se estén formando bajo tierra.
El momento tradicional es durante el reposo invernal de la planta, entre finales de otoño y finales de invierno, aprovechando la poda de formación o mantenimiento para seleccionar las ramas de un año qué se van a usar como esquejes.
Una forma no destructiva de comprobarlo es tirar muy suavemente en primavera; si nota resistencia firme, ya hay raíces; también se puede rascar levemente la base con la uña, si el tejido de debajo sigue verde y húmedo el esqueje sigue vivo aunque no haya enraizado aún.
La vid, la higuera, el granado, el olivo y muchos rosales se propagan tradicionalmente por esqueje leñoso porque así se garantiza qué la planta nueva sea genéticamente idéntica a la variedad original, algo qué la siembra por semilla no asegura al haber cruzamiento genético.