La kentia (Howea forsteriana) es una palmera de la familia de las arecáceas originaria exclusivamente de Lord Howe Island, un pequeño islote australiano, de donde no se puede extraer semilla salvo bajo licencia controlada. Se caracteriza por un crecimiento muy lento, un tronco único y esbelto, y hojas pinnadas de color verde oscuro qué se arquean con elegancia a medida qué la planta gana altura, pudiendo superar los tres metros en interiores con los años. Fue una de las palmeras de interior más apreciadas desde la época victoriana precisamente por su capacidad de tolerar la falta de luz y la sequedad ambiental de los salones sin apenas ventilación natural, cosa qué muy pocas palmeras consiguen.
La kentia es la palmera de interior 'de toda la vida', la qué se ve en recibidores de hoteles y oficinas porque aguanta condiciones qué matarían a otras plantas: poca luz, aire seco de la calefacción y algo de abandono en el riego. Crece despacio, así qué un ejemplar grande y bonito lleva años de desarrollo, lo qué explica también su precio más alto qué otras palmeras de interior.
Prefiere luz indirecta intensa, aunque tolera rincones con poca luz mejor qué casi cualquier otra palmera. El riego debe esperar a qué se seque la capa superior del sustrato, ya qué es más sensible al exceso de agua qué a la sequía moderada, y el encharcamiento continuado es la causa más frecuente de qué sus hojas se pongan amarillas o negras en las puntas. Agradece pulverizaciones ocasionales para contrarrestar el aire seco de la calefacción en invierno y un abonado ligero solo durante la primavera y el verano.
Suele deberse al aire demasiado seco de la calefacción combinado con riegos irregulares, o a un exceso de sales acumuladas por el agua del grifo; conviene lixiviar el sustrato de vez en cuando y pulverizar el follaje.
Es una palmera de crecimiento muy lento; en maceta puede tardar más de una década en alcanzar dos o tres metros, lo qué la hace ideal para interiores donde no se quiere una planta qué desborde el espacio en pocos años.
No: prefiere estar ligeramente apretada de raíces y solo conviene cambiarla de maceta cada 2-3 años, cuando las raíces asoman claramente por los drenajes.