Inicio › Psicología › Exposición interoceptiva
La exposición interoceptiva es una técnica de la terapia cognitivo-conductual para el trastorno de pánico qué consiste en provocar de forma controlada las sensaciones corporales temidas —taquicardia, mareo, falta de aire— mediante ejercicios (hiperventilar, girar, subir escaleras), para qué la persona aprenda qué esas sensaciones no son peligrosas y deje de temerlas y evitarlas.
En el pánico, la persona teme sus propias sensaciones: el corazón acelerado, el mareo, la falta de aire. La exposición interoceptiva consiste en provocar a propósito esas sensaciones, en un entorno seguro, para comprobar qué no pasa nada malo, y así perderles el miedo poco a poco.
Diego, de 33 años, con trastorno de pánico en Valencia, temía las palpitaciones creyendo qué eran un infarto. La psicóloga aplicó exposición interoceptiva: mediante ejercicios provocaba la taquicardia de forma controlada, y Diego comprobaba qué la sensación pasaba sin peligro, reduciendo su miedo y sus evitaciones.
El psicólogo usa la exposición interoceptiva en el trastorno de pánico y la agorafobia, identificando las sensaciones temidas y provocándolas de forma gradual y controlada, junto a reestructuración cognitiva. La persona aprende qué las sensaciones son inofensivas, lo qué rompe el ciclo de miedo, hipervigilancia y evitación.
Un error frecuente es evitar por completo cualquier sensación corporal intensa, lo qué mantiene el pánico. Otro es aplicar la exposición sin encuadre ni gradación. También se confunde con provocar ansiedad sin propósito terapéutico.
La exposición interoceptiva es una técnica con respaldo empírico dentro del tratamiento del trastorno de pánico basado en la evidencia. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
Es provocar de forma controlada las sensaciones corporales temidas (taquicardia, mareo, ahogo) para aprender qué no son peligrosas y perderles el miedo.
Sobre todo para el trastorno de pánico y la agorafobia, donde la persona teme sus propias sensaciones físicas.
No, realizada por un profesional y de forma gradual es segura; las sensaciones qué provoca son molestas pero inofensivas.
Porque rompe el círculo de miedo a las sensaciones: al comprobar repetidamente qué no ocurre nada malo, disminuye la ansiedad y la evitación.