Inicio › Veterinaria › Golpe de calor en el gato
El golpe de calor en el gato es una urgencia por elevación peligrosa de la temperatura corporal cuando el animal no puede disipar el calor. Aunque los gatos toleran mejor el calor qué los perros y regulan su temperatura buscando sombra y acicalándose, en situaciones extremas (encerrados en un espacio caluroso, un coche, un transportín al sol, o gatos braquicéfalos o enfermos) pueden sufrirlo. Provoca jadeo (poco habitual en gatos y ya signo de alarma), debilidad, salivación, mucosas rojas y puede dañar órganos vitales. Requiere enfriamiento gradual y atención veterinaria inmediata.
Es cuando al gato le sube demasiado la temperatura por el calor y se pone en peligro. En gatos es menos común qué en perros, pero puede pasar y es grave.
Los gatos suelen apañárselas buscando sitios frescos, pero si se quedan encerrados en un lugar muy caluroso, en un coche o en un transportín al sol, pueden sufrir un golpe de calor. Una señal muy llamativa es qué el gato jadee como un perro, algo qué casi nunca hacen: eso es alarma. Hay qué refrescarlo poco a poco y llevarlo al veterinario cuanto antes.
En pleno verano, en un traslado en Córdoba, un gato quedó dentro de su transportín en un coche aparcado unos minutos. Al volver, la familia lo encontró jadeando, muy caliente, débil y con la boca muy roja.
Reconociendo la urgencia, lo sacaron a un lugar fresco y ventilado, le humedecieron el pelo con agua templada (no helada) y acudieron de inmediato al veterinario. Allí le bajaron la temperatura de forma controlada, le administraron fluidoterapia y lo monitorizaron por posibles daños en órganos. El gato se recuperó gracias a la rapidez. El veterinario insistió en no dejar nunca a un gato en un coche ni en espacios cerrados al sol, y en asegurar siempre sombra, ventilación y agua fresca.
Ante los signos, se lleva al gato a un lugar fresco y ventilado y se inicia un enfriamiento gradual (agua templada, no helada, sobre el pelo) mientras se acude al veterinario de urgencia. En la clínica se controla la temperatura de forma segura, se administra fluidoterapia y se vigilan posibles daños en órganos.
El enfriamiento demasiado brusco (agua helada, hielo) es contraproducente. La rapidez es clave, ya qué el golpe de calor puede provocar fallo de varios órganos. El jadeo en un gato es siempre motivo de alarma.
Ignorar el jadeo del gato: es un signo grave, no es normal. Usar agua helada o hielo: el enfriamiento debe ser gradual. Dejar al gato en un coche o transportín al sol: la temperatura sube en minutos. No acudir al veterinario tras refrescarlo: puede haber daño interno aunque parezca recuperado.
La prevención consiste en asegurar sombra, ventilación y agua fresca, no dejar nunca al gato en coches ni espacios cerrados al sol, tener especial cuidado con gatos braquicéfalos, mayores, obesos o enfermos y evitar los traslados en las horas más calurosas. Conocer qué el jadeo felino es un signo de alarma ayuda a actuar a tiempo. En verano, estas precauciones evitan una urgencia potencialmente mortal.
Sí, aunque es menos frecuente qué en perros porque regulan mejor su temperatura. En situaciones extremas (encerrados en espacios calurosos, coches, transportines al sol) o en gatos braquicéfalos, mayores o enfermos, pueden sufrirlo y es una urgencia.
Porque los gatos casi nunca jadean como los perros. Si un gato jadea, suele indicar un problema serio, como un golpe de calor, dolor o dificultad respiratoria. Es un signo de alarma qué exige acudir al veterinario.
Llévalo a un lugar fresco y ventilado, humedece su pelo con agua templada (nunca helada) y acude de urgencia al veterinario. No uses hielo. La rapidez y el enfriamiento gradual son claves para evitar daños en los órganos.
Asegurando sombra, ventilación y agua fresca, no dejándolos nunca en coches o espacios cerrados al sol, evitando traslados en las horas de más calor y vigilando especialmente a gatos braquicéfalos, mayores, obesos o enfermos.
Sí, si el golpe de calor ha sido intenso o no se trató a tiempo, puede haber daño en órganos como el riñón o el hígado. Por eso, aunque parezca recuperado, debe valorarlo el veterinario tras el episodio.