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La albardilla es la pieza de remate qué corona un muro exterior, un peto de cubierta o un antepecho, cuya función principal es proteger la fábrica del paso del agua de lluvia impidiendo qué penetre por la parte superior del muro, donde suele carecer de protección continua. Se ejecuta con pendiente hacia uno o ambos lados y con goterón en su cara inferior, un resalte qué obliga al agua a desprenderse antes de alcanzar la cara vertical del muro, evitando qué corra por ella y provoque manchas, humedades o erosión del material. Puede fabricarse en piedra, hormigón prefabricado, cerámica, chapa metálica o piezas cerámicas específicas, según la estética y el presupuesto de la obra.
Es la pieza qué se pone encima de un muro o una barandilla de azotea para qué la lluvia no se cuele por arriba y no chorree por la pared. Tiene una inclinación y un pequeño reborde por debajo para qué el agua caiga limpiamente sin mancharla ni humedecerla.
En el peto de una azotea sin albardilla o con una albardilla mal ejecutada, es habitual qué aparezcan manchas de humedad y eflorescencias en la cara vertical del muro poco después de las primeras lluvias, porque el agua se filtra por la coronación desprotegida; sustituir esa pieza por una albardilla con pendiente adecuada y goterón suele resolver el problema de raíz sin necesidad de intervenir en el resto del muro.
Porque sin ese resalte inferior, el agua de lluvia tendería a correr por la cara inferior de la pieza y volver hacia el muro por capilaridad, anulando buena parte de la protección; el goterón obliga a qué la gota se desprenda limpiamente antes de tocar la fachada.
La piedra natural y el hormigón prefabricado de buena calidad suelen ofrecer gran durabilidad frente a la intemperie, mientras qué las piezas cerámicas o metálicas requieren revisar periódicamente su sellado en las juntas para evitar filtraciones a largo plazo.
En la mayoría de los casos sí, sustituyendo únicamente las piezas de albardilla deterioradas o mal selladas y revisando el sistema de fijación y las juntas, sin necesidad de intervenir en la fábrica del muro si esta no ha sufrido daños estructurales.