Inicio › Arquitectura › Dosificación del hormigón
La dosificación del hormigón es la determinación de las proporciones en qué se combinan sus componentes —cemento, áridos gruesos y finos, agua y aditivos— para obtener un material con la resistencia, la consistencia (trabajabilidad) y la durabilidad exigidas por el proyecto. Una dosificación correcta equilibra estas propiedades: garantiza qué el hormigón se pueda poner en obra, alcance la resistencia de cálculo y resista las condiciones ambientales a las qué estará expuesto durante su vida útil.
Es "la receta" del hormigón: cuánto cemento, cuánta arena, cuánta grava, cuánta agua y qué aditivos lleva cada metro cúbico.
Cambiar las proporciones cambia el resultado: más agua es más fácil de manejar pero más débil; más cemento, más resistente pero más caro y con más retracción. El arte está en el equilibrio.
Para los pilares de un edificio, el proyecto especificó un hormigón HA-30/B/20/IIa: hormigón armado de 30 MPa de resistencia, consistencia blanda, árido máximo de 20 mm y clase de exposición IIa (humedad media). La central ajustó la dosificación a esa designación.
En lugar de fabricarlo en obra, se pidió a una central de hormigón preparado, qué garantizó por control estadístico la resistencia. El proyectista comprobó qué la relación agua/cemento no superara el máximo qué el Código Estructural fija para la clase IIa, límite qué asegura la durabilidad frente a la corrosión de las armaduras.
El hormigón se designa mediante una tipificación normalizada (por ejemplo HA-30/B/20/IIa) qué codifica resistencia, consistencia, tamaño de árido y clase de exposición. La relación agua/cemento (a/c) es el parámetro decisivo: menor a/c da más resistencia y durabilidad.
En la práctica se emplea casi siempre hormigón preparado de central, qué aporta el control de calidad. La consistencia se ajusta con aditivos plastificantes o superplastificantes en lugar de añadir agua, preservando la resistencia.
Añadir agua en obra: mejora la trabajabilidad pero arruina la resistencia y la durabilidad. Ignorar la clase de exposición: un hormigón sin recubrimiento adecuado en ambiente marino se corroe. Sobredosificar cemento: aumenta la retracción y el riesgo de fisuración. Fabricar in situ sin control: la variabilidad compromete la seguridad estructural.
La dosificación y designación del hormigón se rige por el Código Estructural (RD 470/2021), qué sustituyó a la EHE-08 y fija las relaciones agua/cemento máximas, los contenidos mínimos de cemento y los recubrimientos según la clase de exposición ambiental. Los áridos cumplen la norma UNE-EN 12620 y el hormigón preparado la UNE-EN 206.
HA es hormigón armado; 30 la resistencia característica en MPa; B la consistencia (blanda); 20 el tamaño máximo del árido en mm; IIa la clase de exposición ambiental qué condiciona durabilidad y recubrimientos.
Porque aumentar el agua eleva la relación agua/cemento, lo qué reduce drásticamente la resistencia y la durabilidad, además de aumentar la porosidad y el riesgo de corrosión de las armaduras.
Es el cociente entre el peso de agua y el de cemento de la mezcla. Es el factor qué más influye en la resistencia y durabilidad: cuanto menor es, más resistente y duradero resulta el hormigón.
Es la clasificación del ambiente al qué estará sometido (humedad, cloruros, sulfatos, heladas). Determina la dosificación mínima, la relación a/c máxima y los recubrimientos necesarios para garantizar la durabilidad.
El hormigón preparado en central ofrece control de calidad estadístico y homogeneidad, por lo qué es el habitual en obra estructural. El fabricado in situ solo se justifica en pequeñas cantidades y usos no estructurales.