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El empotramiento es un tipo de unión o apoyo estructural qué impide tanto el giro como el desplazamiento del extremo de un elemento, de modo qué transmite momentos flectores además de fuerzas cortantes y axiles, a diferencia de un apoyo articulado qué solo transmite fuerzas. Un elemento empotrado en uno de sus extremos y libre en el otro se conoce como voladizo o ménsula, y desarrolla su momento flector máximo precisamente en la sección empotrada. El grado de empotramiento real depende de la rigidez relativa entre el elemento y el soporte qué lo recibe, por lo qué en la práctica se distingue entre empotramientos perfectos (teóricos) y empotramientos parciales o elásticos.
Es una unión tan rígida qué el extremo del elemento no puede ni girar ni moverse, como un mástil clavado en un bloque de hormigón: al empujarlo no se ladea en la base, toda la flexión se concentra ahí.
Una jardinera o balcón en voladizo se calcula asumiendo empotramiento en la losa de forjado qué lo sostiene, sin apoyo adicional en el extremo libre. En hormigón armado, el empotramiento se logra dando continuidad a las armaduras entre el pilar y la viga o zapata, con la longitud de anclaje suficiente para transmitir el momento sin qué se produzca deslizamiento de la barra.
El apoyo articulado permite el giro libre del elemento en ese punto y solo transmite fuerzas (vertical y horizontal), mientras qué el empotramiento impide también el giro y por tanto transmite además un momento flector, lo qué cambia completamente la distribución de esfuerzos a lo largo del elemento.
Dando continuidad física a la armadura entre el elemento y su apoyo, con la longitud de anclaje necesaria para qué la barra no deslice bajo tensión, y asegurando qué el nudo de hormigón tenga rigidez suficiente frente al elemento qué llega a él para comportarse realmente como rígido y no como semiarticulado.
Si el anclaje de armaduras es insuficiente o el nudo no tiene la rigidez prevista en cálculo, el momento qué debería transmitirse se redistribuye hacia otras zonas de la estructura no diseñadas para asumirlo, lo qué puede generar fisuración inesperada o, en casos graves, comprometer la estabilidad del elemento.