Inicio › Financiero › el valor residual
El valor residual tiene dos acepciones principales en finanzas. En contabilidad, es el importe que la empresa espera obtener por un activo al final de su vida útil, deducidos los costes de su venta o desmantelamiento; se resta del valor amortizable para calcular la amortización. En valoración de empresas, el valor residual o terminal es el valor de los flujos de caja que se generarán más allá del horizonte de proyección explícito.
Tiene dos sentidos. Uno: lo que vale un bien cuando ya lo has usado durante toda su vida útil (por ejemplo, lo que te dan por un coche viejo de empresa). Dos: al valorar una empresa, el valor de todo lo que generará en el futuro lejano, más allá de los años que has calculado en detalle. En ambos casos es el valor "que queda al final".
En la amortización, la base amortizable es el valor de adquisición menos el valor residual estimado. Si un activo tiene un valor residual apreciable, se amortiza sobre una base menor. En la práctica, muchos activos se amortizan asumiendo un valor residual nulo por simplicidad y prudencia, salvo que exista un valor de recuperación significativo y fiable (maquinaria pesada, vehículos).
En el descuento de flujos de caja, el valor terminal o residual estima el valor de la empresa más allá del periodo proyectado, normalmente mediante la fórmula de la renta perpetua creciente (flujo del último año × (1 + g) / (WACC − g), siendo g la tasa de crecimiento a perpetuidad). Suele representar la mayor parte del valor total de la empresa, por lo que sus hipótesis son críticas.
Contable: una empresa compra una máquina por 50.000 € con un valor residual estimado de 5.000 € y vida útil de 10 años; amortiza 4.500 €/año ((50.000 − 5.000)/10). En valoración: al valorar una empresa por DCF, si el flujo del último año proyectado es de 1 M€, g = 2% y WACC = 8%, el valor terminal es 1,02 M€ / (0,08 − 0,02) = 17 M€, que luego se descuenta al presente.
En contabilidad, el valor residual afecta al gasto anual por amortización y, por tanto, al resultado. En valoración, el valor terminal es determinante en el DCF y exige hipótesis prudentes de crecimiento perpetuo (que no debe superar el crecimiento de la economía a largo plazo). Un valor residual mal estimado distorsiona tanto los estados financieros como las valoraciones de empresas.
En amortización, el error es ignorar un valor residual significativo o sobreestimarlo para reducir el gasto. En valoración, el error más grave es asumir tasas de crecimiento perpetuo demasiado altas, que inflan artificialmente el valor terminal y la valoración total. También se confunden ambas acepciones del término.
El valor residual es un concepto que opera tanto en la contabilidad del inmovilizado (amortización) como en la valoración de empresas por descuento de flujos de caja.
El importe estimado que se obtendría por el activo al final de su vida útil, deducidos los costes de venta.
Se resta del valor de adquisición para calcular la base amortizable, reduciendo el gasto anual por amortización.
El valor terminal: el valor de los flujos de caja más allá del horizonte de proyección explícito en un DCF.
Habitualmente con la fórmula de la renta perpetua creciente: flujo × (1 + g) / (WACC − g).
Porque suele representar la mayor parte del valor total de la empresa; sus hipótesis son críticas.