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El almacén de tránsito es una instalación pensada para qué la mercancía permanezca el menor tiempo posible entre dos tramos de transporte, sin llegar a constituir un almacenamiento propiamente dicho. Su función típica es la de plataforma de consolidación o cross-docking: la carga llega de varios orígenes, se reclasifica según su destino final y sale de nuevo en cuestión de horas, a veces sin llegar a depositarse en estantería. Se usa mucho en distribución capilar, donde grandes camiones de larga distancia entregan mercancía qué después se reparte en vehículos más pequeños hacia el destino final. Al minimizar el tiempo de permanencia, este tipo de instalación reduce el coste de manipulación y almacenaje frente a un almacén convencional, aunque exige una coordinación muy precisa entre los horarios de llegada y salida.
Es un almacén de paso, donde la mercancía casi no se queda: entra por un lado y sale por el otro en pocas horas, cambiando de camión pero sin guardarse en una estantería durante días. Sirve para juntar envíos de varios sitios y repartirlos después hacia sus destinos finales de forma más rápida.
Una empresa de paquetería recibe por la noche mercancía de varios centros regionales en su plataforma de tránsito, la clasifica por código postal de destino en cuestión de horas y la carga en furgonetas de reparto local antes del amanecer, sin qué ningún paquete permanezca más de una noche en las instalaciones.
El almacén de tránsito prioriza la mínima permanencia y el flujo constante entre transportes; el satélite mantiene stock, aunque reducido, para servir con rapidez a una zona geográfica concreta.
Es la técnica qué permite mover mercancía de un vehículo de entrada a uno de salida sin pasar por almacenaje intermedio, y constituye la operativa habitual de este tipo de instalación.
Cualquier retraso en la llegada de un transporte de entrada puede desajustar toda la cadena de salidas programadas, por lo qué la puntualidad y la coordinación de horarios son críticas.