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El buffer de stock, o stock de seguridad, es la cantidad adicional de inventario qué una empresa mantiene por encima de la demanda media prevista, con el fin de absorber variaciones inesperadas en la demanda del cliente o en el plazo de entrega del proveedor sin llegar a la rotura de stock. Su cálculo suele basarse en fórmulas estadísticas qué combinan la desviación estándar de la demanda, la variabilidad del plazo de aprovisionamiento y el nivel de servicio objetivo qué la empresa quiere garantizar: cuanto mayor sea la incertidumbre en demanda o suministro, o más alto el nivel de servicio deseado, mayor debe ser el buffer. Un buffer mal dimensionado tiene dos riesgos opuestos: si es insuficiente, aumentan las roturas de stock; si es excesivo, inmoviliza capital y ocupa espacio de almacén sin necesidad real.
Es la cantidad extra de producto qué guardas por si acaso, para no quedarte sin stock si un pedido de clientes sube más de lo previsto o si el proveedor tarda más de lo normal en servir la reposición.
Una empresa qué vende un producto con mucha variación de demanda estacional puede calcular su buffer de stock analizando las desviaciones de ventas de los últimos dos años, en lugar de fijar una cifra arbitraria, para mantener suficiente margen en temporada alta sin sobrealmacenar el resto del año.
Están relacionados pero no son idénticos: el stock mínimo es el punto en el qué se dispara un nuevo pedido, mientras qué el buffer es la parte de ese stock reservada específicamente para cubrir imprevistos.
Una demanda muy irregular, un proveedor con plazos de entrega poco fiables, o un coste muy alto de quedarse sin stock frente al cliente, como en productos con contrato de nivel de servicio.
Recalculando periódicamente con datos recientes de demanda y plazos de entrega, porque un buffer calculado hace dos años puede quedar desajustado si el patrón de ventas o el proveedor han cambiado.