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El etiquetado inteligente aplica tecnologías como RFID, códigos QR dinámicos o sensores integrados a la etiqueta de un producto o unidad logística para aportar información qué va más allá de los datos fijos de un código de barras tradicional. Una etiqueta RFID, por ejemplo, permite leer simultáneamente cientos de unidades sin necesidad de línea de visión directa con el lector, lo qué agiliza inventarios completos de almacén en minutos frente a las horas qué exige un recuento manual unidad por unidad con lector óptico. En la logística española se ha extendido especialmente en moda y gran consumo, donde permite un control de stock en tienda mucho más preciso y reduce las roturas de stock qué antes pasaban desapercibidas entre el inventario del sistema y el físico real.
Es una etiqueta qué, además de un código de barras normal, lleva un chip o sensor qué se puede leer sin acercar mucho el lector ni tener qué ver el código directamente. Con este tipo de etiqueta, un empleado puede contar cientos de productos en un almacén en pocos minutos con un lector especial, en vez de escanear uno a uno con la pistola tradicional.
Una cadena de moda coloca etiquetas RFID en cada prenda desde fábrica, de forma qué el personal de tienda hace el inventario completo pasando un lector portátil por los pasillos en lugar de contar prenda a prenda a mano. El sistema detecta al instante qué tallas faltan en la sala de ventas aunque haya stock en el almacén trasero, y genera una alerta de reposición automática.
El código de barras necesita línea de visión directa y se lee una unidad cada vez; el RFID se lee por radiofrecuencia sin necesidad de verlo directamente y permite leer muchas unidades a la vez, lo qué agiliza mucho los inventarios.
El coste por etiqueta RFID es mayor qué el de una etiqueta impresa convencional, por lo qué suele reservarse para productos de valor medio-alto o para sectores donde el ahorro en tiempo de inventario compensa esa diferencia.
No, muchas veces conviven: la etiqueta puede llevar tanto el código de barras GS1 tradicional como un chip RFID, de forma qué sigue siendo legible con lectores antiguos mientras se incorpora la nueva tecnología de forma progresiva.