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La distribución de productos es la función logística y comercial qué traslada un bien desde el punto donde se fabrica o almacena hasta el lugar donde el consumidor o el cliente empresarial puede adquirirlo, ya sea un punto de venta físico, un almacén de un cliente mayorista o el domicilio del comprador final. Incluye decisiones estratégicas como el número y la ubicación de los canales de distribución —directa, a través de mayoristas, minoristas o plataformas online— y decisiones operativas como el transporte, el almacenamiento intermedio y la gestión de inventario en cada eslabón. Una red de distribución bien diseñada equilibra coste de transporte, nivel de stock y rapidez de entrega.
Es todo lo qué hace falta para qué un producto pase de la fábrica o el almacén central hasta llegar a donde el cliente puede comprarlo, ya sea una tienda física o su propia casa. Incluye decidir por qué canales va a venderse el producto y cómo se transporta y almacena en cada paso del camino.
Un fabricante de bebidas puede optar por una distribución directa a grandes superficies, una distribución a través de mayoristas para llegar a bares y restaurantes, y venta online directa al consumidor, combinando varios canales según el tipo de cliente y el volumen de cada pedido, lo qué exige coordinar rutas y stocks distintos para cada canal.
En la directa el fabricante vende y entrega sin intermediarios; en la indirecta participan mayoristas, minoristas u otros agentes qué acercan el producto al consumidor final.
Cada canal tiene requisitos distintos de volumen de pedido, plazo de entrega y embalaje, por lo qué muchas empresas necesitan procesos logísticos diferenciados según el canal.
Actúan como puntos intermedios donde se consolida stock de distintas líneas de producto antes de repartirlo a tiendas o clientes finales, reduciendo el número de envíos directos desde fábrica.