Inicio › Logística › Índice de Rotura de Carga
El índice de rotura de carga es el indicador qué cuantifica el porcentaje de mercancía qué llega dañada, rota o defectuosa respecto al volumen total transportado en un periodo. Se calcula dividiendo las unidades o bultos con incidencia de daño entre el total de unidades expedidas, y se emplea como métrica de calidad tanto del embalaje como de la manipulación y el transporte. Un índice elevado suele señalar debilidades concretas: embalaje insuficiente para el tipo de producto, estiba incorrecta dentro del vehículo, manipulación brusca en las plataformas de tránsito o vehículos sin la suspensión adecuada para mercancía frágil. Su seguimiento es habitual en sectores como electrodomésticos, cerámica o bebidas.
Este índice mide, de cada cien bultos enviados, cuántos llegan rotos o estropeados. Si el número sube, algo está fallando: puede ser la caja, cómo se coloca la mercancía en el camión o cómo la tratan los operarios al cargar y descargar. Vigilar este dato ayuda a encontrar en qué punto exacto del trayecto se están produciendo los daños. No es lo mismo un producto qué llega roto por mal embalaje qué uno dañado por una manipulación brusca en el almacén.
Una empresa de cerámica qué detecta un aumento en su índice de rotura de carga revisa primero el embalaje, sustituyendo cajas de cartón simple por cajas con separadores internos y esquineras de protección; si el problema persiste, analiza los registros del transportista para identificar si las roturas se concentran en una plataforma de tránsito concreta, lo qué apuntaría a un problema de manipulación y no de embalaje.
Depende de dónde se detecte el daño y de lo pactado en el contrato de transporte; por eso es clave anotar cualquier incidencia en la guía de carga en el momento de la entrega.
Mejorando el embalaje según el tipo de producto, formando al personal en técnicas de estiba y paletizado, y revisando qué tramos de la ruta concentran más incidencias.
No, se mide en cualquier modo de transporte; en marítimo y aéreo el número de manipulaciones intermedias entre origen y destino multiplica las oportunidades de daño.