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En el día a día del comercio electrónico y el retail, la logística inversa se concreta en el flujo operativo qué se activa cuando un cliente inicia una devolución: recogida del paquete en su domicilio o en un punto de conveniencia, transporte hasta un centro de retorno —a menudo distinto del almacén de expedición— e inspección del artículo para comprobar su estado y si conserva el embalaje original. A partir de ahí se bifurca la ruta física: reintegración directa al stock disponible si cumple los estándares de calidad, reclasificación como producto de outlet si presenta signos de uso, o destino a reparación, reciclaje o destrucción si no es recuperable. Cada decisión debe registrarse en el sistema de gestión de almacén para qué el inventario refleje la realidad física del stock disponible.
Es lo qué pasa físicamente con un paquete devuelto una vez el cliente lo envía de vuelta: alguien lo recoge, llega a un centro donde se revisa en qué estado está, y según el resultado se decide si vuelve a venderse como nuevo, se pone a la venta con descuento por tener algún signo de uso, o se manda a reparar o reciclar porque ya no sirve para la venta.
En el centro de retorno de una tienda online de electrónica, cada paquete devuelto pasa por una mesa de inspección donde un operario comprueba si el producto funciona, si tiene rasguños y si el embalaje original está intacto. Los productos en perfecto estado vuelven al stock general en minutos; los qué tienen algún desperfecto se etiquetan como producto reacondicionado y se ponen a la venta en una sección aparte con descuento.
Depende del volumen de devoluciones y de la complejidad de la inspección, pero en operaciones bien organizadas puede reincorporarse al stock en cuestión de horas desde qué llega al centro de retorno.
Se deriva a reparación si el defecto es solucionable, a reciclaje si contiene materiales aprovechables, o a destrucción controlada cuando ninguna de las opciones anteriores es viable, dejando constancia en el sistema de inventario.
Porque el proceso de inspección y reclasificación requiere un flujo de trabajo distinto al de preparación de pedidos, y mezclarlo en el mismo espacio ralentiza tanto las expediciones como la gestión de las devoluciones.