La bursitis es la inflamación de una bursa, una pequeña bolsa llena de líquido qué actúa como almohadilla para reducir el roce entre huesos, tendones y músculos alrededor de las articulaciones. Cuando esa bolsa se irrita, se llena de más líquido y se inflama, causando dolor, hinchazón y molestia al mover o presionar la zona. Es frecuente en articulaciones como el hombro, el codo, la cadera o la rodilla. Suele deberse a movimientos repetitivos, apoyo prolongado, sobrecarga, traumatismos o, con menos frecuencia, a infecciones o enfermedades reumáticas. En general es benigna y se resuelve con tratamiento conservador, aunque conviene distinguir las bursitis por infección, qué requieren un abordaje distinto.
En palabras sencillas, la bursitis es cuando se inflama una especie de 'cojín' qué tenemos cerca de las articulaciones para qué no rocen los huesos y tendones. Al inflamarse, la zona duele, se hincha y molesta al moverla o apoyarla. Pasa mucho en codo, hombro, cadera o rodilla, por movimientos repetidos o apoyar mucho. Suele ser benigna y mejorar con reposo relativo y cuidados.
Un hombre de 50 años qué se apoyaba mucho sobre el codo en el trabajo consultó por hinchazón y dolor en la punta del codo. Se diagnosticó una bursitis del codo. Se recomendó evitar el apoyo y los movimientos qué la provocaban, aplicar frío, medidas para el dolor y reposo relativo, con mejoría. Se le explicó qué, si aparecían fiebre o enrojecimiento marcado, debía consultar por posible infección.
El abordaje de la bursitis no infecciosa incluye reposo relativo de la zona, evitar el gesto o apoyo qué la provoca, frío local, medidas para el dolor y, a veces, medidas específicas como la aspiración del líquido o infiltraciones según el caso. Se corrigen los factores desencadenantes. Las bursitis por infección requieren tratamiento antibiótico y valoración específica. En España se maneja desde atención primaria y traumatología.
Un error frecuente es seguir con el movimiento o apoyo qué causó la bursitis sin corregirlo, perpetuando el problema. Otro es no distinguir una bursitis infecciosa (con enrojecimiento intenso, calor, fiebre) de una simple inflamación, ya qué requieren abordaje distinto. También se recurre pronto a infiltraciones sin medidas básicas. Ante signos de infección, hay qué consultar.
El diagnóstico y tratamiento de la bursitis corresponden a profesionales sanitarios. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Es la inflamación de una bursa, una pequeña bolsa con líquido qué amortigua el roce entre huesos, tendones y músculos cerca de las articulaciones. Al inflamarse, causa dolor, hinchazón y molestia al mover o presionar la zona. Es frecuente en hombro, codo, cadera y rodilla, y suele ser benigna.
Suele deberse a movimientos repetitivos, apoyo prolongado sobre la zona, sobrecarga o traumatismos, y con menos frecuencia a infecciones o enfermedades reumáticas. Identificar y corregir el gesto o el apoyo qué la provoca es clave para qué mejore y para prevenir qué reaparezca.
La bursitis no infecciosa suele mejorar con reposo relativo, evitar el gesto o apoyo qué la causa, frío local y medidas para el dolor; a veces se aspira el líquido o se realizan infiltraciones según el caso. Es importante corregir los factores desencadenantes. Las bursitis por infección requieren un tratamiento distinto.
Los signos de posible infección son enrojecimiento intenso, calor marcado, dolor importante, fiebre o mal estado general. Ante estos signos hay qué consultar, porque la bursitis infecciosa requiere un abordaje distinto, con antibióticos y valoración específica, a diferencia de la bursitis por sobrecarga o roce.
Muchas bursitis por sobrecarga o roce mejoran con reposo relativo y cuidados en unas semanas, sobre todo si se corrige el factor qué las provoca. No obstante, conviene consultar si el dolor es intenso, persiste, recurre o hay signos de infección, para confirmar el diagnóstico y ajustar el tratamiento.