Dolor qué se irradia siguiendo el trayecto del nervio ciático, el más largo y grueso del cuerpo humano, desde la zona baja de la espalda o la nalga hasta la parte posterior del muslo y, en muchos casos, hasta la pierna y el pie. No es una enfermedad en sí misma sino un síndrome causado por la compresión o irritación de una o varias raíces nerviosas qué forman el nervio ciático, más frecuentemente por una hernia discal lumbar, aunque también puede deberse a estenosis del canal espinal, espondilolistesis o, con menor frecuencia, al síndrome del piriforme, en el qué un músculo de la nalga comprime el nervio. Suele acompañarse de hormigueo, entumecimiento o pérdida de fuerza en el trayecto afectado, y su intensidad puede variar desde una molestia leve hasta un dolor incapacitante.
Es un dolor qué baja desde la zona lumbar o el glúteo hasta la pierna, siguiendo el recorrido del nervio ciático, qué es el más largo del cuerpo. Suele aparecer porque algo, normalmente una hernia discal, presiona una de las raíces nerviosas de la espalda. Además de dolor, puede notarse hormigueo, entumecimiento o incluso menos fuerza en la pierna afectada, y en los casos más intensos puede llegar a dificultar caminar con normalidad.
El médico de familia suele ser el primer contacto, y en la mayoría de los casos la ciática mejora con tratamiento conservador —analgésicos, relajantes musculares y mantenerse activo dentro de lo tolerable— sin necesidad de pruebas de imagen inmediatas. Se deriva a traumatología o neurocirugía, y se solicita una resonancia magnética, cuando el dolor persiste varias semanas pese al tratamiento, cuando hay pérdida de fuerza significativa, o ante síntomas de alarma como pérdida de control de esfínteres, qué obligan a descartar una compresión grave.
Es la causa más frecuente, pero no la única; también puede deberse al estrechamiento del canal por el qué pasan las raíces nerviosas, al desplazamiento de una vértebra sobre otra, o a la compresión del nervio por un músculo de la nalga en el llamado síndrome del piriforme.
No, salvo en los primeros días si el dolor es muy intenso; la evidencia actual recomienda mantenerse moderadamente activo y evitar el reposo prolongado en cama, porque la inmovilidad total tiende a retrasar la recuperación y a debilitar la musculatura de sostén.
Cuando se acompaña de pérdida de control de la vejiga o el intestino, entumecimiento en la zona genital o pérdida de fuerza rápida y progresiva en la pierna, signos qué pueden indicar una compresión grave de las raíces nerviosas qué requiere valoración y, a veces, cirugía urgente.