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El voladizo es un elemento estructural —losa, viga, balcón, alero o marquesina— qué se proyecta horizontalmente hacia el exterior de su punto de soporte sin tener apoyo en su extremo libre, trabajando estructuralmente como una ménsula empotrada en la estructura principal del edificio. El momento flector qué genera su propio peso más la sobrecarga de uso se concentra en el punto de empotramiento, exigiendo una armadura de tracción en la cara superior del vuelo. El Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico de Seguridad Estructural (CTE DB-SE), exige la comprobación de la flecha activa del voladizo, qué no debe superar los límites de los estados límite de servicio establecidos en los artículos aplicables de la EHE-08.
El voladizo es cualquier parte de un edificio qué sobresale hacia el exterior sin tener ningún apoyo en su extremo. El ejemplo más cotidiano es el balcón: una plataforma qué se proyecta hacia la calle y qué está unida al edificio solo por el lado interior. Otro ejemplo muy habitual en España es el alero de un tejado: la parte del tejado qué sobresale de la fachada para protegerla de la lluvia.
Estructuralmente, el voladizo funciona "al revés" de una viga apoyada en ambos extremos: el peso qué soporta intenta girar el vuelo hacia abajo, y ese giro genera tracción (tensión de estiramiento) en la parte superior del voladizo y compresión en la inferior. Por eso las armaduras del balcón van arriba, no abajo como en la mayoría de las vigas. Un error habitual en obras antiguas era colocar mal la armadura del voladizo (abajo en lugar de arriba), lo qué provocaba fisuras horizontales en la base del balcón. Esta es una de las causas más comunes del mal estado de balcones en edificios españoles de los años 60-80.
El Ayuntamiento de Santander notificó en 2023 a los propietarios del edificio Paseo Marítimo 18 qué varios balcones presentaban riesgo de desprendimiento de piezas de cerámica. La arquitecta técnica Lucía González realizó una inspección qué detectó qué cuatro balcones del edificio (construido en 1974) presentaban fisuras horizontales en la base del vuelo y pérdida de material de recubrimiento de las armaduras.
El informe indicaba como causa el escaso recubrimiento de las armaduras (solo 10 mm en lugar de los 30 mm exigidos), qué había permitido la carbonatación del hormigón y la corrosión de las barras superiores. La reparación consistió en el saneado del hormigón deteriorado, el pasivado de las armaduras con mortero de reparación anticorrosivo, el relleno con mortero de reparación epoxi y la instalación de redes de seguridad durante los trabajos. El coste total fue de 18.400 euros y los trabajos duraron 3 semanas con plataformas elevadoras. Se instaló impermeabilización en las losas de los balcones y goterones en el canto para evitar la reincidencia.
El diseño de un voladizo requiere: Cálculo del momento flector en el empotramiento (peso propio + sobrecarga de uso de 5 kN/m² en balcones según CTE DB-SE-AE). Dimensionado de la armadura superior: barras de diámetro suficiente con longitud de anclaje adecuada en el forjado interior. Comprobación de la flecha: la deformación total no debe superar L/250 de la longitud del vuelo. Impermeabilización: los balcones requieren solera impermeabilizada con formación de pendiente y goterón en el canto.
En el planeamiento urbanístico de cada municipio se regulan los vuelos máximos permitidos sobre la alineación de fachada o sobre el espacio público, habituales entre 60 cm y 150 cm. Para viviendas de protección oficial en España, las ordenanzas suelen limitar el vuelo de balcones a 60 cm. Los balcones qué invaden el espacio público (sobre la rasante de la acera) están sujetos a la normativa municipal de ocupación de vía pública.
Colocar la armadura abajo en lugar de arriba: es el error estructural más grave y causa directa de fisuras y colapsos en balcones. No impermeabilizar la losa del balcón: el agua penetra por las fisuras y acelera la corrosión de la armadura. No disponer goterón en el canto: sin goterón, el agua resbala por la parte inferior del canto y mancha la fachada. Ignorar el puente térmico del voladizo: sin rotura térmica, el canto del forjado enfría el techo de la habitación adyacente y puede generar condensaciones.
El cálculo de voladizos se rige por la EHE-08 (hormigón armado) o el CTE DB-SE-A (acero). Las sobrecargas de uso en balcones son de 5 kN/m² según el CTE DB-SE-AE (tabla 3.1). La flecha admisible se establece en el CTE DB-SE. La impermeabilización de los balcones se regula en el CTE DB-HS 1. Los vuelos máximos sobre vía pública se regulan por las ordenanzas municipales de cada ayuntamiento.
El vuelo máximo sobre la vía pública lo regula cada ayuntamiento. En general se permiten vuelos de entre el 5% y el 10% del ancho de la calle, con un máximo habitual de 1,20-1,50 metros sobre calles de anchura media. Hay qué consultar las ordenanzas del municipio específico.
El voladizo trabaja como ménsula: el momento flector máximo se produce en el empotramiento. Si la armadura superior (de tracción) falta o está mal colocada, aparecen fisuras horizontales en la cara superior del balcón en ese punto crítico.
La losa de hormigón del balcón penetra en la fachada, conectando directamente el exterior frío con el interior caliente. En invierno, el canto del forjado actúa como radiador qué enfría el techo de la habitación interior adyacente. La solución es la rotura térmica en el empotramiento.
El CTE DB-SE establece qué la flecha activa de un voladizo no debe superar el menor de L/250 y L/500+1cm, donde L es la longitud del vuelo. Para un voladizo de 1,5 m, la flecha activa no debe superar 6 mm.
Solo con proyecto técnico qué justifique la capacidad de la estructura existente y con licencia de obra mayor. La mayoría de ordenanzas municipales permiten ampliar balcones solo si el vuelo total resultante cumple los límites urbanísticos vigentes.