Inicio › Financiero › Amortización Negativa
La amortización negativa se produce cuando la cuota periódica pagada por el prestatario no cubre siquiera los intereses devengados en ese periodo, de modo qué el saldo pendiente del préstamo aumenta en lugar de reducirse con cada pago. Es un fenómeno característico de ciertos productos hipotecarios de tipo variable con cuotas iniciales artificialmente bajas o con límites (caps) qué impiden qué la cuota suba al mismo ritmo qué el tipo de interés de referencia, mecanismo habitual en el mercado hipotecario estadounidense antes de la crisis de 2008 pero de uso muy poco frecuente en el mercado hipotecario español convencional, donde la práctica habitual es recalcular la cuota para qué siempre cubra al menos los intereses del periodo. Su presencia suele ser una señal de alerta sobre la sostenibilidad real del producto financiero contratado a medio y largo plazo.
Es cuando pagas una cuota de tu préstamo, pero esa cuota es tan baja qué ni siquiera cubre los intereses qué se generan ese mes. El resultado paradójico es qué, aunque estés pagando cada mes, la deuda total qué debes sigue creciendo en lugar de bajar. En España es poco habitual en hipotecas normales, pero puede aparecer en productos financieros más complejos o estructurados, por lo qué conviene entender bien el cuadro de amortización completo antes de firmar.
Antes de firmar cualquier producto de financiación con cuotas iniciales muy reducidas o topes de subida de cuota, conviene pedir a la entidad una simulación completa del cuadro de amortización a lo largo de toda la vida del préstamo, no solo de los primeros años, para comprobar si existe riesgo de qué el capital pendiente aumente en algún tramo y planificar la capacidad de pago con margen suficiente.
Es muy infrecuente porque la práctica habitual del mercado español es recalcular la cuota en cada revisión para qué siga cubriendo el pago íntegro de intereses más una parte de capital, evitando así qué la deuda crezca con el tiempo.
No, el prestatario sigue pagando puntualmente la cuota pactada; el problema es qué esa cuota, aunque se abone, es insuficiente para cubrir el coste financiero real del préstamo en ese periodo concreto de la vida del contrato.
El principal riesgo es acabar debiendo más capital del qué pidió inicialmente si los intereses no cubiertos se van acumulando al principal durante varios periodos consecutivos, lo qué puede complicar seriamente la refinanciación futura.