Inicio › Medicina › Codo de Tenista (Epicondilitis Lateral)
El codo de tenista, o epicondilitis lateral, es una lesión por sobrecarga de los tendones qué se insertan en la cara externa del codo (el epicóndilo), encargados de extender la muñeca y los dedos. Se produce por movimientos repetitivos o esfuerzos mantenidos de la muñeca y el antebrazo, no solo en el tenis, sino sobre todo en actividades laborales o cotidianas (usar herramientas, teclear, tareas manuales). Provoca dolor en la parte externa del codo, qué puede irradiarse al antebrazo y empeora al agarrar objetos, girar la muñeca o hacer fuerza. Es una causa muy frecuente de dolor de codo, benigna, qué en la mayoría de los casos mejora con tratamiento conservador, aunque puede ser persistente.
En palabras sencillas, el codo de tenista es un dolor en la parte de fuera del codo por sobrecargar los tendones de la muñeca y el antebrazo con movimientos repetidos. No hace falta jugar al tenis: sale mucho por el trabajo o tareas manuales. Duele al coger cosas, girar la muñeca o hacer fuerza. Es molesto pero benigno, y casi siempre mejora con reposo relativo y tratamiento.
Un hombre de 45 años qué realizaba trabajos manuales repetitivos consultó por dolor en la cara externa del codo qué empeoraba al agarrar objetos o girar la muñeca. Se diagnosticó un codo de tenista (epicondilitis lateral). Se recomendó reducir los gestos qué lo provocaban, medidas para el dolor, estiramientos y ejercicios progresivos, con mejoría a lo largo de las semanas.
El abordaje del codo de tenista es principalmente conservador: modificar o reducir las actividades qué sobrecargan el tendón, medidas para el dolor (frío, analgesia), estiramientos y ejercicios de fortalecimiento progresivos, y a veces fisioterapia u ortesis. La mayoría mejora con paciencia y constancia. En casos rebeldes se valoran otras opciones. En España se maneja desde atención primaria, traumatología y rehabilitación.
Un error frecuente es seguir con el gesto o la actividad qué causa la sobrecarga sin modificarla, perpetuando el dolor. Otro es el reposo absoluto prolongado en lugar de un reposo relativo con ejercicios adecuados. También recurrir pronto a infiltraciones o soluciones agresivas antes de agotar el tratamiento conservador. La constancia con los ejercicios y evitar la sobrecarga es clave.
El diagnóstico y tratamiento del codo de tenista corresponden a profesionales sanitarios. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Es una lesión por sobrecarga de los tendones de la cara externa del codo, qué provoca dolor en esa zona, a veces irradiado al antebrazo, qué empeora al agarrar objetos, girar la muñeca o hacer fuerza. Se llama así por asociarse al tenis, aunque suele deberse a movimientos repetitivos laborales o cotidianos.
No. Aunque se llama así, el codo de tenista se debe sobre todo a movimientos repetitivos o esfuerzos mantenidos de la muñeca y el antebrazo en actividades laborales o cotidianas (herramientas, teclear, tareas manuales), más qué a la práctica del tenis. Cualquier sobrecarga repetida de esa zona puede provocarlo.
Con tratamiento conservador: reducir o modificar las actividades qué sobrecargan el tendón, medidas para el dolor, estiramientos y ejercicios de fortalecimiento progresivos, y a veces fisioterapia u ortesis. La mayoría mejora con paciencia y constancia. En casos rebeldes se valoran otras opciones qué indica el especialista.
No conviene el reposo absoluto prolongado. Lo recomendable es un reposo relativo, evitando los gestos qué más sobrecargan el codo, pero manteniendo una actividad adaptada y realizando los estiramientos y ejercicios indicados. El profesional orienta cómo dosificar la actividad y progresar en cada caso.
Suele mejorar con tratamiento conservador en unas semanas o pocos meses, aunque a veces es persistente y requiere paciencia y constancia con los ejercicios y la modificación de la actividad. La mayoría de los casos se resuelven sin medidas agresivas. Si el dolor persiste, conviene reevaluarlo con un profesional.